Pintura,
arte de representar imágenes reales, ficticias o, simplemente, abstractas sobre
una superficie, que puede ser de naturaleza muy diversa, por medio de pigmentos
mezclados con otras sustancias orgánicas o sintéticas.
A lo
largo de la historia, la pintura ha adoptado diferentes formas, según los
distintos medios y técnicas utilizadas. Hasta el siglo XX, se ha venido
apoyando, casi invariablemente, en el arte del dibujo. En Occidente, la pintura
al fresco, que alcanzó su mayor grado de desarrollo a finales de la edad media
y durante el renacimiento, se basa en la aplicación de pintura sobre yeso
fresco o seco. Otra variedad antigua es la pintura al temple, que consiste en
aplicar pigmentos en polvo mezclados con yema de huevo sobre una superficie
preparada, que suele ser un lienzo sobre tabla. Durante el renacimiento, la
pintura al óleo vino a ocupar el lugar del fresco y del temple;
tradicionalmente se pensaba que esta técnica había sido desarrollada a finales
de la edad media por los hermanos flamencos Jan van Eyck y Hubert van Eyck,
pero en la actualidad se cree que fue inventada mucho antes. Otras técnicas de
pintura son el esmalte, la encáustica, el guache, la grisalla y la acuarela. En
los últimos años se ha extendido el uso de las pinturas acrílicas, con base de
agua, de rápido secado y que no se oscurecen con el paso del tiempo.
A lo
largo de los siglos, se han venido sucediendo diferentes métodos y estilos
artísticos, así como teorías relacionadas con la finalidad del arte para, en
algunos casos, reaparecer en épocas posteriores con alguna modificación. En el
renacimiento, la pintura al fresco en muros y techos cedió el paso a la pintura
de caballete al óleo, pero ha vuelto a cobrar actualidad en el siglo XX con las
obras de los muralistas mexicanos. La necesidad de expresar una emoción intensa
por medio del arte une a pintores tan diferentes como el español El Greco, del
siglo XVI, y los expresionistas alemanes del siglo XX. En el polo opuesto de
los intentos de los expresionistas por revelar la realidad interior, siempre ha
habido pintores empeñados en representar exactamente los aspectos exteriores.
El realismo y el simbolismo, la contención clásica y la pasión romántica, se
han ido alternando a lo largo de la historia de la pintura, revelando
afinidades e influencias significativas.
Las
pinturas más antiguas que se conocen fueron realizadas en las paredes de las
cuevas que servían de abrigo a la especie humana hace 30.000 años, durante el
periodo paleolítico. Hay muestras del arte paleolítico en emplazamientos de
Europa occidental, del África sahariana y del sur, y en Australia. En algunas
zonas, como el litoral mediterráneo, el desarrollo de la pintura continuó en el
periodo neolítico.
Pintura
rupestre, LascauxLas pinturas prehistóricas de las cuevas de Lascaux, Francia,
datan aproximadamente del 13000 a.C. y fueron realizadas con pigmentos (rojo y
ocre) soplados a través de huesos huecos sobre la roca, o aplicados con juncos
o ramas aplastadas después de mezclarlos con grasa animal. Bridgeman Art
Library, London/New York
Las
pinturas que se conservan en las cuevas de España (Altamira) y del sur de
Francia representan, con increíble exactitud, bisontes, caballos y ciervos.
Estas representaciones están realizadas con pigmentos extraídos de la tierra,
compuestos de diferentes minerales pulverizados y mezclados con grasa animal,
clara de huevo, extractos de plantas, cola de pescado e, incluso, sangre; se
aplicaban con pinceles hechos de varitas y juncos o se soplaban sobre la pared.
Estas pinturas debían desempeñar una función en los rituales mágicos, aunque no
se conoce con certeza su naturaleza exacta. Por ejemplo, en una pintura
rupestre de Lascaux, Francia, aparece un hombre entre los animales junto a
varios puntos oscuros; aunque su exacto significado permanece desconocido,
demuestra la presencia de una conciencia espiritual y la capacidad de
expresarla por medio de imágenes, signos y símbolos.
El
banquete La representación de figuras de perfil es característica de la pintura
y escultura egipcias. El tema de este mural de Tebas (c. 1400 a.C.) es un
banquete: la parte superior representa a los nobles de la corte y a sus mujeres
esperando a que los esclavos les sirvan la comida, apilada en el ángulo
superior derecho; la parte inferior muestra a las damas de la corte.Bridgeman
Art Library, London/New York
Hace
más de 5.000 años los artistas egipcios empezaron a pintar los muros de las
tumbas de los faraones con representaciones mitológicas y escenas de las
actividades cotidianas, como la caza, la pesca, la agricultura o la celebración
de banquetes. Igual que en la escultura egipcia, prevalecen dos constantes
estilísticas. En primer lugar, las imágenes, más conceptuales que realistas,
presentan los rasgos anatómicos más característicos, combinando las vistas
frontales y de perfil de la misma figura; en segundo lugar, la escala de las
figuras indica la importancia de las mismas, y así el faraón aparece más alto
que su consorte, hijos o cortesanos.
Con
excepción de algunos fragmentos, no hay vestigios de los murales griegos. Sin
embargo, las representaciones naturalistas de escenas mitológicas en la
cerámica griega pueden arrojar alguna luz sobre cómo era esa pintura de gran
formato. En la era helenística, las escenas y motivos representados en los
mosaicos son también probablemente el eco de pinturas monumentales realizadas
con otras técnicas que no han llegado hasta nosotros. Véase Arte y arquitectura
de Grecia.
Los
romanos decoraban sus villas con suelos de mosaicos y exquisitos frescos
representando rituales, mitos, paisajes, naturalezas muertas o bodegones, y
escenas cotidianas. Los artistas romanos conseguían crear la ilusión de
realidad, utilizando la técnica conocida como perspectiva aérea, mediante la
que se representan de forma más borrosa los colores y contornos de los objetos
más distantes para conseguir efectos espaciales. En las excavaciones realizadas
en las ciudades de Pompeya y Herculano, que quedaron enterradas por la erupción
del Vesubio en el año 79 de nuestra era, se ha recuperado una colección de
pintura romana, tanto civil como religiosa. Véase Arte y arquitectura de Roma.
Las
muestras de pintura paleocristiana que han llegado hasta nosotros datan de los
siglos III y IV y son los frescos de las catacumbas, en los que se representan
escenas del Nuevo Testamento, cuya característica son ciertas estilizaciones y
convencionalismos artísticos procedentes del mundo clásico. Por ejemplo, Jesús
aparecía como el Buen Pastor, con una figura adoptada de las representaciones
del dios griego Hermes; para simbolizar la resurrección se representaba la
historia de Jonás liberado de la ballena, según el Antiguo Testamento. Entre
las obras más extraordinarias de este periodo paleocristiano se encuentran los
mosaicos del siglo VI de las iglesias de Ravena, Italia, destacando los de San
Vital, en los que están representados temas tanto espirituales como profanos.
Las figuras estilizadas y alargadas que decoran las paredes de la iglesia,
vistas casi de frente, miran al espectador con los ojos muy abiertos y parecen
flotar ingrávidas y atemporales.
Esta
presentación poco terrenal pasó a ser característica del arte bizantino y el
estilo quedó vinculado a la corte imperial cristiana de Constantinopla, que
perduró del año 330 al 1453. El estilo bizantino aparece también en los iconos,
pinturas convencionales sobre tabla, destinadas al culto, que representan a
Jesucristo, la Virgen y los santos. En los manuscritos miniados tanto de textos
laicos, los textos de Virgilio (siglo IV o principios del V, Biblioteca
Vaticana, Roma), como de escritos cristianos (el Salterio de París siglo X,
Biblioteca Nacional, París), se aprecian vestigios del estilo grecorromano.
Los
evangelios de Lindisfarne La iluminación de manuscritos constituyó la más alta
forma de expresión pictórica de la edad media. Al igual que la mayoría de los
manuscritos iluminados de la época, Los evangelios de Lindisfarne (c. 698-721)
fueron realizados por monjes. Ésta es la primera página del Evangelio según san
Mateo. Los iluminadores anglosajones e irlandeses tomaron los diseños
entretejidos y decorados con criaturas fantásticas del arte vikingo.Bridgeman
Art Library, London/New York
El
arte de la edad media —que se desarrolló fuera del Imperio bizantino y dentro
de lo que eran las fronteras del norte del mundo romano— puede clasificarse
según sus rasgos estilísticos distintivos. El arte celta, que floreció entre
los siglos V y IX en los monasterios de diferentes zonas de las islas
Británicas, se basaba sobre todo en intrincados dibujos caligráficos. Se
realizaron manuscritos miniados muy decorados, como los Evangelios de
Lindisfarne (c. 698-721, Museo Británico, Londres), con elaborados motivos
lineales, planos, en los que se combinan elementos celtas y germánicos. En el
periodo románico, durante los siglos XI y XII, los manuscritos del norte de
Europa no denotaban ningún estilo concreto; algunas iluminaciones eran de
inspiración clásica, mientras que otras señalaban un nuevo estilo de dibujo,
enérgico y muy acusado (véase Románico). En el periodo gótico que siguió, desde
fin del siglo XII hasta el comienzo del renacimiento italiano, se introdujo un
gran repertorio de medios técnicos, y la pintura dejó de ser exclusiva de los
monasterios.
La
expulsión del Paraíso Masaccio fue un innovador en el campo de la perspectiva y
del claroscuro. La expulsión del Paraíso es uno de los seis frescos que
Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia.
Esta obra expresa la vergüenza y desolación de Adán y Eva al ser expulsados del
Edén.Bridgeman Art Library, London/New York
El
término renacimiento describe la revolución cultural de los siglos XV y XVI
originada en Italia por el despertar del interés hacia la cultura clásica y por
una fuerte confianza en el individualismo. Véase Renacimiento (arte y
arquitectura). Se seguía rindiendo culto a los logros de la antigüedad, pero al
mismo tiempo se producía una reactivación intelectual y cultural. Por ejemplo,
hacia 1427, Masaccio—uno de los grandes innovadores del periodo— realizó, en la
capilla Brancacci de la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia, una
notable serie de frescos que revelan su atenta observación del comportamiento
humano, al tiempo que demuestran su conocimiento del arte antiguo. En La
expulsión del Paraíso, su Adán y Eva están realmente avergonzados; la postura
de Eva, intentando cubrirse el cuerpo con los brazos, está basada en una
actitud característica de la escultura clásica, conocida como la Venus Púdica.
Las
iglesias y edificios seglares de Italia y los museos de todo el mundo ofrecen
una gran cantidad de la pintura renacentista italiana.
7 PINTURA BARROCA
El
arte barroco del siglo XVII se caracteriza por su aspecto dinámico, en
contraste con el estilo clásico, relativamente estático, del renacimiento. Esta
tendencia se distingue por las líneas compositivas diagonales, que proporcionan
el sentido del movimiento, y por el empleo de un marcado claroscuro. Con ambas
técnicas se consiguió un estilo dramático, grandioso, apropiado al espíritu
fundamental de la Contrarreforma. Muchos pintores de principios del siglo XVII
empezaron también a desviarse de la artificialidad del manierismo en un intento
por volver a un reflejo más exacto del mundo natural.
Embarque
para la isla de Citerea Embarque para la isla de Citerea (1717) de Jean-Antoine
Watteau es uno de los mejores ejemplos de la pintura rococó francesa. La
escena, inspirada en las fiestas de la aristocracia de la época, muestra a un
grupo de personas a punto de embarcar para la mítica isla griega de Citerea, un
paraíso inalcanzable. El estilo etéreo y delicado denota la influencia de
Rubens y de la escuela veneciana.Bridgeman Art Library, London/New York
El
arte rococó, que floreció en Francia y en Alemania a principios del siglo
XVIII, era en muchos aspectos una continuación del barroco, sobre todo en lo
concerniente al uso de la luz y de la sombra, y al movimiento compositivo. Sin
embargo, es un estilo más ligero y festivo, muy adecuado para la decoración de
las residencias parisinas. Entre los pintores del rococó destaca Jean Antoine
Watteau, conocido por sus pinturas etéreas de enamorados elegantemente vestidos
solazándose en las fêtes galantes (reuniones al aire libre, que estaban de
moda); estas fantasías bucólicas fueron muy emuladas por otros artistas
franceses. También eran muy populares las escenas mitológicas y pastorales, en
las que aparecían mujeres desenfadadas y distinguidas, realizadas por François
Boucher y Jean-Honoré Fragonard. Por su parte, J. B. S. Chardin, también
destacado como pintor de bodegones, confería a las mujeres el papel de madre y
de ama de casa en sus escenas de género. Como ejemplo del estilo rococó en
Alemania está la obra del pintor italiano Giovanni Battista Tiepolo, que pasó
algún tiempo en Würzburgo; los techos de la sala de la escalera y del salón de
recepciones del palacio episcopal de Würzburgo están decorados con sus frescos.
Como
parangón a la tradición rococó del continente, se encuentran las obras de tres
destacados artistas ingleses del siglo XVIII. William Hogarth era conocido por
sus cuadros y grabados de tono moralizante, en los que satirizaba los
disparates sociales de su época, como en su famosa serie (primero pintada y
después grabada) Casamiento a la moda (1743), en la que relata la ruinosa
trayectoria de los matrimonios de conveniencia. Thomas Gainsborough y Joshua
Reynolds, siguiendo la tradición establecida por Van Dyck, se centraron en
retratar a la aristocracia inglesa. El vigor y la gracia de estos retratos, y
su penetrante interpretación psicológica, los elevan del simple retrato social
a un incomparable registro de las modas y costumbres de las clases adineradas
de la época.
Odalisca,
de IngresOdalisca (1814) de Jean Ingres es una obra neoclásica en la que se
aprecia la influencia de la antigüedad clásica y los rasgos característicos de
su pintura: sensualidad, contornos suaves y líneas sinuosas.Giraudon/Bridgeman
Art Library, London/New York
En
la segunda mitad del siglo XVIII la pintura experimentó una revolución, cuando
el sobrio neoclasicismo vino a sustituir al exuberante estilo rococó. Este
resurgimiento clásico en las artes se debió a diferentes acontecimientos. En
primer lugar, a mediados del siglo XVIII, se iniciaron muchas excavaciones
arqueológicas en Italia y en Grecia, y se publicaron libros con dibujos de
antiguas construcciones que los arquitectos ingleses y franceses copiaron con
avidez. En segundo lugar, en 1755, el historiador del arte alemán Johann
Joachim Winckelmann publicó su ensayo Gedanken über die Nachahmung der
Griechischen Werke in der Malerei und Bildhauerkunst (Reflexiones sobre la
imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura), ensalzando la
escultura griega. Esta obra, que ejerció gran influencia sobre los artistas,
impresionó sobre todo a cuatro pintores extranjeros residentes en Roma: el
escocés Gavin Hamilton, el alemán Anton Raphael Mengs, la suiza Angelika
Kauffmann y el estadounidense Benjamin West, que se inspiraron en ella para
crear cuadros basados en la literatura clásica.
Fue,
sin embargo, el pintor francés Jacques-Louis David el principal defensor del
neoclasicismo. También él estaba imbuido de las influencias clásicas recibidas
durante su estancia en Roma, y con anterioridad, de las obras del clasicista
francés del siglo XVII, Poussin. El sobrio estilo de David armonizaba con los
ideales de la Revolución Francesa. Obras como Juramento de los Horacios
(1784-1785, Louvre) inspiraban patriotismo; otras, como la Muerte de Sócrates
(1787, Museo Metropolitano de Arte), predicaban el estoicismo y la abnegación.
David no sólo utilizaba la historia antigua y el mito clásico como fuentes para
sus temas, sino que basaba la forma de sus figuras en la escultura antigua. Su
gran sucesor fue Jean Auguste Dominique Ingres, a quien se llegó a identificar
con la tradición académica en Francia por la fría serenidad de sus líneas y
tonos, y por su esmerado interés por el detalle, como en su sorprendente
retrato de La condesa de Haussonville (1845, Colección Frick, Nueva York). Sin
embargo, ya se encuentran elementos de la tendencia romántica, que pronto
sucedería al neoclasicismo, en el interés que Ingres mostraba por los temas no
europeos, como lo demuestran sus diferentes cuadros de odaliscas.
David
ejerció su influencia sobre muchos otros pintores, entre los que se encontraban
varias mujeres que destacaban como seguidoras suyas. Era el caso de Adélaide
Labille-Guiard, Marie Guillemine Benoist y Constance Marie Charpentier, algunas
de cuyas obras han sido erróneamente atribuidas a David en el pasado; las
investigaciones recientes han tratado de identificar sus contribuciones individuales.
Véase Neoclasicismo.
Sucediendo
muy de cerca al neoclasicismo, el movimiento romántico introdujo el gusto por
lo medieval y lo misterioso, así como el amor por lo pintoresco y lo sublime de
la naturaleza. Se dio rienda suelta a la imaginación individual y a la
expresión de la emoción y del estado de ánimo, desbancando al enfoque
intelectual razonado de los neoclasicistas. En general, los pintores románticos
preferían las técnicas coloristas y pictoricistas al estilo neoclásico, lineal
y frío.
Hacia
mediados del siglo XIX, el pintor francés Gustave Courbet rechazaba tanto el
neoclasicismo como el romanticismo y proclamaba un movimiento individual
llamado realismo. No le interesaba la pintura histórica, ni los retratos de los
gobernantes, ni los temas exóticos, pues creía que el artista debía ser
realista y pintar los acontecimientos cotidianos de la gente común. El entorno
elegido para muchos de sus lienzos fue Ornans, su villa natal en el levante
francés; allí retrató a obreros construyendo una carretera, a ciudadanos
asistiendo a un funeral, o a hombres sentados alrededor de la mesa escuchando
música y fumando. Aunque no existía ningún movimiento artístico realista
formal, la obra de algunos pintores del siglo XIX presenta tendencias que
pudieran ser identificadas como tales. Honoré Daumier, más conocido por sus
litografías, pintó pequeños lienzos realistas sobre la vida en las calles de
París, y en algunos casos se tacha de realista social a Jean-François Millet,
de la Escuela de Barbizon.
Al
volver sus ojos hacia los temas cotidianos, los artistas de mediados del siglo
XIX cuya obra es adscribible al realismo sentaron un precedente para la
siguiente generación de la vanguardia francesa. Édouard Manet fue el principal
innovador de la década de 1860 y su estilo fue precursor del impresionismo. Al
igual que Courbet, Manet encontró muchos de sus temas en la vida que le rodeaba
(los parisinos solazándose en restaurantes, en parques o paseando en barco),
aunque también tomó algunos de maestros anteriores —Velázquez y Goya—
recreándolos de acuerdo con la vida contemporánea, a su propio estilo,
aplanando las figuras y neutralizando las expresiones emocionales. Estas y
otras innovaciones, como su pincelada libre e imprecisa y sus amplios parches
de color yuxtapuestos sin transición, hacen que se considere a Manet el primer
pintor moderno.
A
finales del siglo XIX, Edgar Degas se destacaba como maestro del trazo, dotando
a sus temas de movimiento, como si hubiera sido captados por una cámara. Aunque
la inmediatez del planteamiento de Degas y su interés por pintar la vida
contemporánea lo vinculan con los impresionistas, difería de ellos en muchos
puntos. No disolvía la forma tan radicalmente como ellos y prefería pintar
figuras en interiores en lugar de paisajes. El estilo compositivo de Degas se
debía a la influencia de la fotografía y de los grabados japoneses, que por
entonces circulaban por París y eran muy populares entre los artistas del
momento. Sus cuadros de bailarinas, músicos, lavanderas y mujeres bañándose
parecen desenfadados y sin estudiar, pero la realidad es que estas
composiciones, de vistas oblicuas y equilibrio asimétrico, están muy
calculadas. Sus retratos son también únicos en lo que se refiere a la
integración de las figuras en los decorados y a la revelación de la
personalidad de los modelos. Degas, maestro en muchas técnicas, destaca sobre
todo en el empleo de los pasteles, con los que consigue efectos de inusitada
riqueza.
El
estilo impresionista se desarrolló al aumentar el interés de los pintores por
estudiar los efectos de la luz sobre los objetos —cómo la luz da color a las
sombras y disuelve los contornos de los objetos— y por trasladar sus
observaciones directamente al lienzo. Su falta de interés por los detalles
concretos de las formas y su empleo de pequeños toques separados de color puro
—técnicas que contrastaban totalmente con el estilo académico predominante—
provocaron la animosidad de crítica y público. Tuvieron que pasar casi 20 años
hasta que Claude Monet, principal exponente del impresionismo, alcanzara el
reconocimiento general. Su interés se centraba sobre todo en el paisaje, que
representaba bajo todas las condiciones climatológicas y en diferentes
estaciones; captaba los efectos centelleantes de la luz del sol en los árboles
en primavera y la luz gris del invierno en las huellas del suelo nevado.
Durante los últimos años de su vida se dedicó a pintar los exquisitos jardines
y los estanques con nenúfares de su casa de Giverny; sus formas se volvían cada
vez más evanescentes según las iba diluyendo en el trémulo juego de la luz y el
color.
Camille
Pissarro fue también uno de los creadores del impresionismo, junto con Auguste
Renoir. Los temas favoritos de Pissarro eran los paisajes, las escenas
fluviales, las vistas de las calles de París y los campesinos en su trabajo.
Los intereses de Renoir eran similares a los de Monet y de Pissarro, pero
realizó también una importante cantidad de retratos y de cuadros de figuras;
son célebres sus numerosos estudios de desnudos femeninos de piel nacarada.
Los
impresionistas trabajaban juntos al aire libre, como en el caso de Renoir y
Monet. En 1869, por ejemplo, ambos pintaron El estanque de las ranas; el lienzo
de Monet está en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el de Renoir en
el Museo Nacional de Estocolmo. A principios de la década de 1870, había una
relación similar entre Pissarro y Paul Cézanne; Pissarro no disolvía las formas
de manera tan radical como los otros impresionistas, y quizá ello impulsó a
Cézanne a trabajar con él, ya que los intereses de este último se decantaban en
otras direcciones. Mientras los impresionistas se dedicaban a plasmar los
efectos transitorios, como los cambios de la luz, Cézanne se preocupaba por los
aspectos eternos de la naturaleza, extrayendo sus principios estructurales,
como en sus numerosos lienzos del monte Sainte-Victoire. Estos estudios,
pintados durante los últimos años de su vida, son el resultado del empeño de
Cézanne por conseguir plasmar el color y el volumen de una montaña vista desde
lejos. El interés de Cézanne por las formas geométricas tuvo gran influencia en
el desarrollo del cubismo.
El
arte del siglo XX se caracteriza por la gran variedad de movimientos y estilos.
Entre los que tuvieron su origen en Europa antes de la II Guerra Mundial se
encuentran el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el
constructivismo, el neoplasticismo, el dadaísmo y el surrealismo; en Estados
Unidos se desarrollaron el sincronismo y el hiperrealismo. Véase Arte y
arquitectura contemporáneas.
A
principios de siglo, los artistas, tanto franceses como alemanes, mostraron su
interés por el arte de las sociedades no-occidentales. Después de investigar
las llamadas tradiciones artísticas primitivas en Bretaña, Gauguin trasladó su
búsqueda a los mares del Sur. Su sentido decorativo del color y sus teorías
influyeron sobre un grupo posterior de pintores, conocidos como los fauves
(‘fieras’), a la cabeza de los cuales estaba Henri Matisse. Otros fauves
conocidos fueron André Derain, Georges Braque y Maurice de Vlaminck, que
presumían de ser los primeros artistas europeos en descubrir la escultura
africana.
Caballitos
amarillos Caballitos amarillos es parte de una serie de obras que Franz Marc
realizó a principios de la década de 1900 en la que buscaba reflejar más la
esencia que el aspecto exterior de los animales. Marc pertenecía al grupo de
pintores expresionistas Der Blaue Reiter (El jinete azul) que buscaban expresar
la dimensión espiritual de la pintura, ignorada, según ellos, por los
movimientos anteriores como el impresionismo.Bridgeman Art Library, London/New
York
La
obra de los artistas más preocupados por plasmar sentimientos y respuestas subjetivas,
por medio de la distorsión de la línea y del color, que por representar
fielmente la realidad externa se fundió en un movimiento conocido como
expresionismo. En Alemania, el movimiento abarcaba dos grupos. Los artistas
jóvenes, activos entre 1905 y 1913, que componían el grupo Die Brücke estaban,
como los fauves, inspirados en el arte africano, cuya fuerza y energía
trasladaban a su propia obra. El grupo estaba formado por Ernst Ludwig
Kirchner, Karl Schmidt-Rottluff, Erich Heckel y Emil Nolde, entre otros.
Representaban los sufrimientos de la humanidad con un estilo parecido, en
cierto modo, al fauvismo, pero con el ingrediente añadido de la angustia. La
obra temprana del noruego Edvard Munch, de gran carga emocional, era bien
conocida en Alemania y produjo honda impresión en los artistas de Die Brücke.
Algo más tarde, en 1911, Franz Marc y el artista nacido en Rusia Wassily
Kandinsky encabezaron la otra fase del expresionismo alemán por medio del grupo
Der Blaue Reiter, en Munich; se inspiraban en el llamado arte primitivo, en el
fauvismo y en el arte popular, y la modalidad expresionista que practicaban
evolucionó hacia una forma de pintar que anticipaba el arte abstracto. Los
principales componentes de Der Blaue Reiter eran August Macke, Gabriele Münter,
Paul Klee y Alexéi von Jawlensky. En esos años, el uruguayo Pedro Figari
produce su obra neoimpresionista en su país, en Buenos Aires y París.
Entre
1907 y 1914, Pablo Picasso y Georges Braque desarrollaron el cubismo en París,
inspirándose en la forma, cada vez más geométrica, que tenía Cézanne de
representar los paisajes y las naturalezas muertas, y en las formas dinámicas
de la escultura africana e ibérica. El cubismo llegó a ser el estilo artístico
que más influencia ejerció en todo el siglo XX; se basa en la descomposición de
la imagen tridimensional en multitud de puntos de vista bidimensionales,
rechazando los valores tradicionales de la perspectiva, el escorzo, el modelado
y el claroscuro. La pintura cubista atravesó diferentes fases, entre las manos
de Picasso y Braque inicialmente, y más tarde las de Fernand Léger, Robert
Delaunay, Sonia Delaunay y Juan Gris, para ser modificado posteriormente por un
grupo de artistas italianos entre los que se encontraban Gino Severini, Umberto
Boccioni, Carlo Carrà y Giacomo Balla. Su intención de expresar en el arte el
avance dinámico del siglo XX se conoce como futurismo. El cubismo en América
Latina tiene, entre otros representantes, al cubano Wifredo Lam y al mexicano
Diego Rivera en su obra de caballete. En la década de 1930 se da a conocer el
uruguayo Joaquín Torres García, precursor del constructivismo.
El
arte abstracto, que abarca varios estilos bien definidos, empezó a
desarrollarse en Alemania, Estados Unidos, Rusia y los Países Bajos durante la
segunda década del siglo XX. El cubismo fue crucial para su evolución, sobre
todo en Rusia, donde los artistas, que conocían las tendencias francesas, bien
a través de sus viajes a París, o contemplando el arte de vanguardia en las
colecciones moscovitas, empezaron a crear cuadros de composición geométrica.
Kazimir Maliévich llamó suprematismo a su manera de abordar la abstracción,
mientras que a otros artistas rusos —como Alexandr Rodchenko y El Lissitzky— se
les conoció como constructivistas. Después de su contacto con el cubismo, Piet
Mondrian desarrolló una forma de abstracción llamada neoplasticismo. Sus
pinturas de cuadrículas, poniendo de relieve la bidimensionalidad del plano
pictórico, y sus teorías estéticas fueron la base del desarrollo de la
abstracción geométrica en Estados Unidos en la década de 1930. En esta última
tendencia destaca en América Latina el ítalo-brasileño Alfredo Volpi, cuyo
trabajo desemboca en una geometría sensible, con trazos menos exactos y más
imaginativos.
Durante
la I Guerra Mundial un grupo de intelectuales suizos, unidos por su rechazo
hacia los valores burgueses, y sobre todo hacia el militarismo de los años de
guerra, eligió el vocablo dada, sin significado alguno, para describir sus
actividades de protesta y repulsa, y el arte con el que desafiaban los
criterios estéticos establecidos. El más conocido de los dadaístas era el
pintor francés Marcel Duchamp, que expresó su desaprobación por el “arte
agradable y atractivo” añadiendo bigote y barba a una reproducción de la Mona
Lisa de Leonardo da Vinci. La iconoclastia de Duchamp encontró también
expresión en lo que llamaba ready-made, los objetos cotidianos que él
presentaba como obras de arte. Otros dadaístas famosos fueron Francis Picabia,
George Grosz y Max Ernst.
Los
dadaístas aprovechaban el accidente y la oportunidad para crear obras, métodos
que fueron adoptados por sus sucesores, los surrealistas. En 1924 André Breton
presentó un manifiesto dando el nombre de surrealismo al movimiento que
proclamaba la superioridad del inconsciente y el papel de los sueños en la
creación artística. Los surrealistas más importantes fueron Ernst, Salvador
Dalí, Joan Miró, René Magritte, Jean Arp y André Masson. En América Latina
destaca el chileno Roberto Matta, que combina el surrealismo con la
abstracción. Por otra parte, se podría incluir a la mexicana Frida Kahlo dentro
de una corriente surrealista influida por el arte popular.
A
partir de la II Guerra Mundial, los artistas de todo el mundo han desempeñado
un importantísimo papel en la creación de nuevos estilos o en el desarrollo de
los ya existentes. Entre ellos se encuentran el expresionismo abstracto, el Op
Art y el Pop Art, el fotorrealismo y el minimalismo.
La
presencia en Estados Unidos de muchos surrealistas europeos refugiados fue sin
duda el catalizador en la creación del expresionismo abstracto, movimiento
centrado en Nueva York entre las décadas de 1940 y 1950. Su investigación del
inconsciente y de las técnicas basadas en el azar intrigó a Jackson Pollock,
Willem de Kooning, Hans Hofmann y muchos otros. Estos artistas, partidarios del
automatismo surrealista (una técnica similar a la escritura automática) y del
expresionismo, practicaban la técnica conocida como Action Painting. En manos
de Pollock, por ejemplo, implicaba derramar colores sobre lienzos de gran
formato para crear al azar motivos abstractos. Otros expresionistas abstractos,
como Mark Rothko y Barnett Newman, desarrollaron la Colour-Field Painting,
aplicando sobre el lienzo grandes extensiones de color sutilmente modulado. En
Argentina destaca Ronaldo de Juan, que más tarde optó por grandes cuadros de
tonos grises. En Europa, se desarrolló en paralelo un movimiento denominado
informalismo, que cuenta entre sus principales representantes a Jean Dubuffet,
Hans Hartung, Antoni Tàpies y Manuel Millares, entre otros.
En
la década de 1960 se iniciaron nuevos estilos y movimientos. Algunos pintores
siguieron en la senda de la abstracción, como denota el Op Art de Victor
Vasarely, Eusebio Sempere y Omar Rayo. Si bien el Op Art se basa en producir
ilusiones ópticas generalmente abstractas, el Pop Art es figurativo, como se
aprecia en las divertidas obras de su creador, el artista inglés Richard
Hamilton. Los artistas Pop tomaban sus imágenes de los anuncios, de las
películas, de las tiras cómicas y de los objetos cotidianos. Entre los más
destacados artistas seguidores de esta corriente se encuentran Robert
Rauschenberg, Jasper Johns, Jim Dine, Roy Lichtenstein y Andy Warhol.
Las
irónicas imágenes del Pop Art ayudaron a despejar el camino para un renacimiento
de la pintura realista. Los realistas que se destacaron en las décadas de 1970
y 1980 fueron aquellos que habían asumido algunos de los conceptos estéticos
del arte abstracto. El fotorrealismo se basaba en la fotografía para conseguir
un tipo de pintura realista impersonal, con detalles precisos, como en los
meticulosos paisajes urbanos de Richard Estes. Los desnudos rigurosamente
estructurados de Philip Pearlstein y las composiciones planas de Alex Katz y
Wayne Thiebaud conferían también al realismo un tono frío y abstracto. Mientras
tanto, en América Latina empezaban a brillar figuras como el ecuatoriano
Oswaldo Guayasamín, que acude a las aristas pronunciadas y a la deformación
para expresar a menudo un contenido político.
Después
de la intensa subjetividad del expresionismo abstracto, la pintura abstracta se
inclinó hacia una pureza formal más rigurosa e impersonal. La culminación de
esta tendencia fue el minimalismo, en el cual la pintura se reducía a simples
formas geométricas, motivos rítmicos o colores lisos. A la cabeza de los
minimalistas estaban Kenneth Noland, Larry Poons, Robert Ryman y Brice Marden.
La Hard Edge Painting (‘pintura de contornos nítidos’) fue un movimiento
relacionado con el anterior, que evolucionó hacia composiciones abstractas más
complejas y dinámicas en las obras de Frank Stella y Al Held.
Bajo
la influencia de la máxima de Duchamp, según la cual la pintura debía estar “al
servicio de la mente”, el arte conceptual solía consistir en una sola palabra o
en una afirmación teórica. En esta época destaca el uruguayo Nelson Ramos.
Entre
los pintores que destacaron después de la II Guerra Mundial se encontraba Jean
Dubuffet y Karel Appel. En Gran Bretaña las agónicas figuras de Francis Bacon y
los cuadros urbanos, llenos de lirismo, de David Hockney dan fe de la vitalidad
de la pintura figurativa inglesa. En América Latina, el dibujante, pintor,
moralista y escultor colombiano Fernando Botero empieza e exponer desde
principios de la década de 1950. La factura ingeniosa de sus personajes obesos
deja ver la influencia de los pintores italianos del quattrocento.
En
la década de 1980 varios artistas jóvenes, europeos y americanos, se rebelaron
contra la pureza formalista, impersonal y austera, de gran parte del arte
abstracto. El resultado fue un resurgimiento de la pintura figurativa y
narrativa llamado neoexpresionismo. Muchos de los seguidores de este movimiento
evitaron la representación realista, empleando en su lugar pinceladas toscas y
colores fuertes para plasmar sus visiones subjetivas, por lo general ambiguas y
enigmáticas.